Lautaro Pereyra pidió pista
Medio River · 4 de mayo de 2026
En una noche floja de River ante Atlético Tucumán, Lautaro Pereyra fue una de las pocas señales positivas. El juvenil ingresó en el segundo tiempo, cambió la energía del ataque y dejó una sensación clara: cuando el equipo no encuentra respuestas, también vale mirar hacia los pibes.
River perdió 1-0 ante Atlético Tucumán en el Monumental y se fue con más dudas que certezas. El equipo volvió a mostrar una versión incómoda, sin claridad en los últimos metros y con pocas ideas para romper a un rival que, después del gol de Renzo Tesuri, se ordenó y defendió la ventaja con inteligencia. En ese contexto, Lautaro Pereyra apareció como una bocanada de aire fresco.
El juvenil ingresó en el entretiempo por Maxi Meza y en pocos minutos mostró algo que River venía necesitando: atrevimiento. Pidió la pelota, encaró, se movió con naturalidad y buscó romper la monotonía de un equipo que hasta ese momento había tenido posesión, pero muy poca profundidad. No entró para esconderse; entró para hacerse cargo.
Su primera intervención ya marcó una diferencia. Recibió de espaldas sobre la izquierda, resolvió con habilidad y empezó a darle otra velocidad al ataque de River. En un partido donde a varios les costó asumir riesgos, Pereyra se animó a jugar hacia adelante, a buscar el uno contra uno y a generar peligro desde la conducción. Más allá de que River no pudo empatar, su ingreso fue de lo más rescatable del partido.
La lectura de fondo es importante. River tiene jerarquía, nombres pesados y futbolistas de experiencia, pero muchas veces eso no alcanza cuando el equipo juega sin sorpresa. Pereyra, con apenas 18 años, aportó algo que no siempre aparece en los partidos cerrados: desparpajo, cambio de ritmo y decisión para lastimar. No solucionó todos los problemas, pero sí mostró un camino.
Claro que no hay que cargarle una mochila exagerada. Sería injusto pedirle a un juvenil que resuelva de golpe lo que el equipo no consigue construir colectivamente. Pereyra debe ser llevado con inteligencia, sin apuro y sin convertir cada buena aparición en una exigencia inmediata. Pero también es cierto que su rendimiento pide más minutos.
En una derrota que dejó poco para rescatar, Lautaro Pereyra fue una buena noticia. No porque haya cambiado el resultado, sino porque cambió la sensación. River necesita recuperar funcionamiento, pero también necesita futbolistas que se animen, que rompan estructuras y que jueguen con hambre. Ayer, el pibe entró y mostró eso.
Por eso, su actuación no debería quedar como una simple aparición en una noche mala. Debería ser una señal para Coudet. En un River que busca respuestas, Lautaro Pereyra pidió pista.



